jueves, 7 de abril de 2011

Viernes de calle con el Frente Amplio

A todos los simpatizantes del Frente. A todos los amigos(as)
Este viernes 8 de abril: arranque en FA.
"27 de febrero con Winston Churchil. A las 5 p.m.

!Acompáñanos!
!Por la justicia y la dignidad: Frente amplio para gobernar!

miércoles, 6 de abril de 2011

El trasfondo político de la invasión a Libia.


Las palabras infamia, desprecio, perversidad, apocan su significado si se trata de utilizarlas como sinónimo de lo que ha decidido, y mal aplicado, la Organización de Las Naciones Unidas, ONU.

Para ello han buscado el padrinazgo de unos cuantos fantoches de la Unión Africana o la Liga Arabe que permitan aparentar un barniz de legitimidad a una acción excecrable.

Sólo el pensar que Teodoro Obiang Nguema, el temible dictador de Guinea Ecuatorial, con 32 años en el poder, ostente la presidencia de turno de la Unión Africana, sin que ello alarme a los “guardianes” de la democracia, puede decirnos hasta dónde se arrastra la cola de la vileza, el histrionismo de los farsantes. Mas bien los enorgullece, pues en su elección estuvieron presentes Nikolás Sarkozi y Ban ki-Moom.

En Guinea Ecuatorial, país riquísimo en petróleo, que exporta 800 mil barriles diarios, y apenas con 600 mil habitantes, el 60% de la población vive con un dólar por día. La desapariciones, muertes y torturas salvajes son normas impuestas; los ciudadanos necesitan pasaporte para trasladarse internamente; las “elecciones” dan siempre el mismo resultado: 96% de los votantes lo hacen por Nguema.

Sobre la Liga Arabe se sabe que es una entelequia, sin autoridad de decisión propia, donde la mayoría de sus gobiernos son monarquías dictatoriales, o neocolonias, arrastradas a los intereses de los imperios. Por esa razón, en muchos de esos países: Yemen, Arabia Saudita, Marruecos, Bahrein, Sudán, Omán,.. el pueblo se moviliza y lucha pidiendo derechos políticos y ciudadamos conculcados por sus respectivos gobiernos.

La pobreza, la muerte y las torturas son las armas convencionales de dominio de esos regímenes contra una oposición pacífica que exige libertades.

La hipocrecía se ríe de sí misma cuando observa a esos “representantes” pedir una zona de exclusión aérea contra el régimen de Cadafi en nombre de la protección de los civiles libios. Civiles que ellos asesinan, toruran y desaparecen en sus propios países.

A modo de ejemplo, el gobierno de Sudán ha tomado partido por uno de los bandos en la vieja contienda entre negros y árabes y se considera que su milicia Janjaweed ha cometido las mayores atrocidades, concebibles, en Darfur, ( 180 mil muertos )sólo comparable con las masacres de Ruanda.

El descaro de los imperialistas ,en la ONU, es tal, que una guerra por petróleo la enmascaran con supuestos fines humanitarios. El humanismo norteamericno, sin embargo, significa un trueque de vítimas convenientes.

Hacen rotundo silencio cuando Israel bombardea los campamentos palestinos, aseninan más de un millón de civiles inocentes en Irak, destrozan a la población civil en Afganistán y arrazan la población de Trípoli. Ah, pero esas víctimas no duelen. Como no duele la masacre de Yemen.
Importa, por ahora, la “proteción”sólo de los “civiles” del Este de Libia, justo donde se encuentran sus grandes reservas petroleras.

Contrario a lo ocurrido en Tunez o en Egipto, la oposición a Cadafi fue tempranamente armada por las Potencias Ocidentales y por Ejército Egipcio

Las supuestas matanzas de civiles en Trípoli, y las fosas comunes, no fueron más que campañas mediáticas de ablandamiento. como pudo comprobarlo el periodista Maurizio Matteuzzi del Manifesto, de Italia, que visitó a Libia en los días en que EFE y Al Yazira alarmaban al mundo inventando semejantes “atrocidades”.


La intervención en Libia por parte de las potencias imperialistas es un colorario de conclusiones evidentes. El trasfondo político de la misma es adueñarse del petróleo, seguir ampliando la conquista del espacio estratégico, disminuir la influencia de China y Rusia en la región, prolongar la vida del imperialismo.

Ni la ONU ni la Liga Arabe aprobaron la intervención, pero cuando esta última quiso protestar eran ya cientos los cadáveres de los civiles en la capital de Libia.

Quedan al aire dos preguntas: ?Si los rebeldes son revolucionarios, ? Por qué piden una intervención imperialista.
En Egipto el ejército no reprimió a los manifestantes. En Tunez tampoco. ? Por qué entregarán sus sus vidas, en lealtad a Cadafi, los soldados libios?

21 marzo 2011











Poder y delincuencia.



Según el diccionario de la Lengua Española, la palabra delinquir signitfica cometer un delito, atentar. Y atentar es equivalente a actuar contra la ley, contravenir, vulnerar, en oposición a cumplir, respetar.

Promulgar una ley implica anunciar, difundir, divulgar, proclamar, propagar. Y cuando se trata de una ley sustantiva, como la Constitución de la República, esta acción adquiere una rango de seremoniosa solemnidad.

En el caso que nos ocupa, esta suntuosidad adquirió tinte parafernalio. Se eligió una fecha emblemática, 26 de enero, y se hizo superior gala de “expresión trascendente”. En el fondo se buscaba ocultar el primer fraude: el desconcimiento al soberano, El Pueblo, que había reclamado una asamblea Constituyente y no una Revisora.

En el solemne acto de promulgación, el presidente de la República sobredimencionó la importancia de la nueva Constitución. Le asignó tamaño de acontecimiento histórico y adelantó algunos jucios que hoy cobran sobrada pertinencia.

Dijo Leonel Fernández: “ La importancia de la Constitución en cualquier país del mundo, radica en que establece una limitación al ejercicio del Poder y fija las reglas del juego para el funcionamiento de la democracia y la convivencia civilizada ente los integrantes de un conglomerado social.

En ausencia de esas reglas de juego, asumidas y respetdas por todos, ninguna nación podría
sobrevivir, por la sencilla razón de que lo que reinaría sería el casos, la inestabilidad, el abuso, y la desprotección de los ciudadanos en el ejercicio de sus derechos”.

Es comprensible que cualquier ciudadano, ajeno al dominio de las leyes, pueda contravenir su contendio con lo cual se expone a las sanciones que los códigos preestablecen. Lo que es imperdonable es que el atentado provenga de los propios poderes que dieron génesis, forma y corporeidad al texto que hoy violentan sin reparos.

El deprimente espectáculo del presidente de la República llamando abiertamente a su repostulación, días después de promulgada la nueva Constitución, sabiendo que está impedido por ella. El abanderamiento del presidente de la Cámara de Diputados, incapaz de respetar, siquiera, la significación de su investidura, nos dice que estamos emboscados por el poder delincuencial.

Poder que desconoce, adrede, los límites entre los cuales actúa y que los viola conscientemente amparado en la fuerza, en la arbitrariedad.

Ratifica, además, que la retórica del presidente, como siempre, no es más que gala de disertante, recipiente vacío, bouquet de flores plásticas, cenizas. Como no tiene respeto por sus propias palabras, confiando en que la memoria colectiva sufre de alhzaimer, él mismo se ha encargado de augurar los peligros que corre.





La ambición parece no advertirle que en ausencia del respeto por las reglas de juego que ellos mismos impusieron, derivando el abuso descarado, pone en riesgo la democracia y presagia el caos, la inestabilidad, y la gobernabilidad misma.

“La eliminación de la arbitrariedad y el abuso de poder”, según el Presidente Fernández, son indiscutibles aributos de la nueva constitución, pero esto carece de significación como letra muerta de un texto petrificado, pues son, precisamente la arbitrariedad y el abuso de poder las únicas divisas en que se sustentan los actos delincuenciales de los representantes del Podr Ejecutivo y el Poder Legislativo.

El artículo 73 de esta constitución reza” Son nulos de pleno derechos los actos de la autoridad usurpada, las acciones o decisiones de los poderes públicos e instituciones o personas que alteren o sbviertan el orden constitucional,toda decisión acordada por requicisión de las Fuerzas Armadas”

El poder delincuencial, en las personas que actúan desde el poder, altera y subvierte, manifiestamente, el orden constitucional. Son pasibles de sanciones ejemplares, de cárcel, inclusive,
pero como el PLD controla todo, sería perder el tiempo pedirle a la Suprema Corte de Justicia que actúe en consecuencia.

Cerrados los caminos,” los que no busquen consejos en sus líderes políticos o hallen salida de resignación, harán uso del derecho a la rebelión”, tal como establece el excelente artículo del columnista Rafael Acevedo, en el Periódico Hoy(6-4-11)